Xu Lizhi era uno de los cientos de miles de trabajadores de Foxconn (principal ensambladora de productos tecnológicos de todo el mundo). Antes de quitarse la vida, con tan sólo 24 años, nos fue dejando un estremecedor legado poético de la terrible lucha entre la pasión creativa propia de su juventud y la deshumanización del trabajo en la fábrica.

rejasTras varias oleadas de suicidios, Foxconn decidió no sólo instalar rejas en las ventanas de sus instalaciones, sino además obligar a sus empleados a firmar un contrato con una cláusula que les impidiera suicidarse. La condición contractual hace prometer al trabajador que no se suicidirá y que eximirá de toda responsabilidad a la compañía.

Estos son algunos extractos de sus escritos:

“Me han entrenado para ser dócil.
No sé cómo gritar o rebelarme,
quejarme o denunciar.
Sólo sé sufrir en silencio
hasta el agotamiento.
[…]¿Cuantos días y cuantas noches
habré estado dormido de pie?”

“Un área de diez metros cuadrados, apretada y mojada.
La luz del sol no entra ni un día al año.
Aquí como, duermo, me cago.
Toso, tengo dolores de cabeza, envejezco.
Me enfermo, pero no muero”.

“Un tornillo cayó al suelo
en su negra noche de horas extra.
Cayó vertical y tintineante
pero no atrajo la atención de nadie,
igual que aquella última vez,
en una noche como ésta,
en la que alguien se lanzó al vacío”.

xulizhi