2111, 2014

Soñar despiertos

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Nunca he conseguido dormir regulado según los ciclos circadianos con los que funciona la mayor parte de las personas. Esto me ha hecho ir siempre a remolque, tratando de adaptarme a unos ritmos y unos horarios que no coinciden con mis ritmos biológicos. Don Quijote y los Molinos de VientoLo cual se ha acabado traduciendo, entre otras cosas, en una disminución notable de mis horas de descanso nocturno. Y, no se si será por eso, que tengo una gran facilidad para soñar despierto. Me gusta mucho esa expresión ya que, aunque se suele asociar al ensimismamiento y la evasión de la realidad, para mí es al contrario: es una forma de trasladar un poco del mundo de los sueños a la realidad, del cielo a lo terrenal, de lo mágico e imposible al día a día indefectible. Soñar despierto vendría a ser como la conexión inicial entre lo ideal y lo pragmático. ¿Y qué puede tener de especial conectar ambos mundos como para dedicarle esta pequeña reflexión?

Entendiendo el idealismo (el cielo) como la capacidad de imaginar, de soñar, de proyectar o de desear un estado interno o externo que aún no existe; y entendiendo el pragmatismo (la tierra) como la capacidad de hacer, de construir, de practicar o de materializar nuestro entorno de forma funcional; podríamos decir, esbozando cierta alegoría poética, que:

  • El idealismo sin pragmatismo se evapora como una nube. Precisa de la acción de la lluvia para conectar con la tierra y permitir así que la vida germine.
  • Del mismo modo, el pragmatismo sin idealismo se convierte en tierra yerma. Precisa de nubes que proyecten algo de lluvia sobre la tierra para que ésta sea fértil.
  • Pero, una vez que idealismo y pragmatismo coinciden, no existe tierra, ni asfalto, lo suficientemente árida, o inquebrantable, que impida que quien se lo proponga consiga abrirse camino.

Flores en el Asfalto

1811, 2014

De realismos y utopías

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Dada una situación como la que vivimos, en exceso estricta y rígida, incapaz de adaptarse a un entorno cada vez más líquido y cambiante, e incapaz de asegurarnos una mínima ni una digna supervivencia, es lógico que se extienda entre la población el inconformismo.Flor en el Desierto Es lógico que nos resistamos a aceptar una moral, unas normas y unas formas de vivir caducas y profundamente desadaptativas como las que hoy se nos fuerza a aceptar. Es por ello que cada vez hay más personas y colectivos a nuestro alrededor que están cambiando de forma decidida sus formas de entenderse, de desarrollarse y de relacionarse.

Otras personas, sin embargo, se aferran como lapas a las viejas y caducas instituciones que ya se han demostrado absolutamente incapaces de gestionarnos. Pensarán, supongo, que a través de esas herramientas obsoletas serán capaces de afrontar un futuro incierto que no será, seguramente, como ninguno imaginamos. De la misma forma que hace veinte años tampoco nos imaginábamos estar relacionándonos (comunicándonos, aprendiendo, comerciando…) como lo hacemos hoy en día. Éstas personas, que tratan de abordar el futuro con las armas del pasado, son las personas reaccionarias.

John Ronald Reuel TolkienAunque no es del todo cierto que en el pasado ninguna persona pudiera imaginar este presente. Sí lo hicieron, de alguna forma, aquellas que han ido introduciendo todos los cambios que hoy estamos viviendo. Aquellas personas que abandonaron desfasadas lógicas para imaginar nuevas formas de hacer. Aquellas que no tuvieron miedo de asomarse al vacío que lo antiguo ya no era capaz de afrontar. Aquellas que sabiendo leer las necesidades de su entorno, han adaptado los recursos y creado las herramientas requeridas para atenderlas. A estas personas llamémoslas transformadoras.

Hay un tercer grupo, y es el de las personas que sencillamente van a la deriva. Que se dejan llevar tratando de encajar sin más a lo que ya hay, haya lo que haya, venga lo que venga. Personas que juegan con la baza de adaptarse al ambiente y mimetizarse lo máximo posible como estrategia de supervivencia, sin importarles críticamente la deriva sociopolítica. Estas personas, aún siendo capaces de adquirir una gran resiliencia, al no participar ni pretender asumir las riendas de los procesos de cambio, las llamaremos sencillamente dependientes.

ReaccionarioDe entre estas tres opciones de encarar […]

701, 2014

Haciendo real la utopía

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utopia

Ante la cuestión planteada de forma recurrente desde el activismo sobre por qué las poblaciones occidentales están tan inmovilizadas en proporción a la cantidad y gravedad de las agresiones que se están sufriendo, existe una explicación muy extendida que es en la que se basa la Doctrina del Shock de Naomi Klein: el miedo. El miedo que todo lo paraliza. Esto ha hecho creer a movimientos sociales y activistas que la principal herramienta empleada por las estructuras de poder para mantenerse y extenderse ha sido siempre el miedo, lo que como consecuencia ha centrado todos los esfuerzos activistas prioritariamente en combatirlo. Pero muchas de las personas que lean esto, y que estén relacionadas en mayor o menor medida con el activismo,Ciudad de Zombies coincidirán conmigo en que más que miedo con lo que nos hemos cruzado es con multitudes sumidas en la desgana y la apatía.

Esto me ha llevado a pensar que lo que realmente paraliza a las masas no es el miedo. Lo que ha sucedido, quizá, es que a través de las diversas dinámicas de poder que se han ido desarrollando en las últimas décadas hemos ido cediendo progresivamente el control sobre distintas parcelas de nuestras vidas, hasta el punto de llegar a delegar incluso la gestión de nuestras propias esperanzas y, con ellas, también de nuestras motivaciones. Por supuesto, esto no es culpa exclusiva de un determinado poder coactivo, ya que (independientemente de las posibles estructuras de poder, sus oscuras motivaciones, estrategias, conspiraciones, etc…) en última instancia hemos sido nosotros los que hemos ido cediéndolas alegremente, asumiendo sin apenas resistencia las reglas que se iban estableciendo. De esa pérdida casi absoluta y generalizada de control sobre nuestra esperanza viene la facilidad con que veamos a millones de personas agarrándose desesperadamente a un clavo ardiendo, aceptando condiciones miserables de vida tan sólo a cambio de la promesa de un puñado de migajas, y con más fuerza cuanto peor es la situación en que se encuentren (esto explicaría además por qué la clase media ha tenido más facilidad históricamente para rebelarse)Ricos y pobres. El miedo, que por supuesto también […]