2509, 2014

La izquierda del mínimo común denominador

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Nieve sobre montaña y lago

¿Has visto, Lázaro, misterio mayor que el de la nieve cayendo en el lago y muriendo en él mientras cubre con su toca a la montaña?”

(Miguel de Unamuno  – 1931
‘San Manuel, Bueno Mártir’)

 

Aunque originalmente Unamuno hiciera de esta cita una cuestión de fe religiosa, la imagen tan poderosa que evoca nos permite poder extraer de ella muchas otras lecturas. En esta ocasión, nos servirá como metáfora del activismo que se diluye frente al que, de alguna forma, logra materializarse. Así veremos cómo esta cita, que cuenta ya con más de 80 años de vida, continúa resultando hoy de una valiosa vigencia.

De la diversidad a la uniformidad.

Antes de nada, debo destacar algunas de las circunstancias de aquella época, la de Unamuno y la Generación del 98, que estarían íntimamente relacionadas con la visión de la actualidad que hoy quiero compartir con vosotros. Por aquel entonces, el ejercicio intelectual se desarrollaba principalmente a través de las conocidas tertulias, en las que se compartían las opiniones, las reflexiones, y los proyectos de cada cual por muy dispares que éstos fueran. Tertulias - Generación del 98Las tertulias se configuraron así como espacios comunes de encuentro cuya actividad, sin embargo, no consistía en tratar de alcanzar un acuerdo unánime ni en consensuar conclusiones. Se afrontaban más bien con grandes dosis de tolerancia y con elevado espíritu autocrítico, orientado principalmente a enriquecerse unos de otros y a encontrar pares con los que poder profundizar en la conversación. Por ello, resultaron ser de una importancia tremenda también para los neófitos, tanto para su formación como para su inclusión productiva en la intelectualidad regeneracionista. Así fue como, de tales relaciones, pudieron surgir tan diversas lecturas de la realidad de aquella sociedad que no era la que a través de los medios oficiales se relataba. Gracias a las obras producidas por todos aquellos contertulios, todas aquellas lecturas todavía perduran hoy en día.

Teniendo esto en cuenta, y volviendo a recurrir a la alegórica imagen de la nieve, el lago y la montaña, podemos entender fácilmente por qué muchos de los pensamientos de aquel convulso e incesante ejercicio intelectual, al igual que los copos de nieve sobre la tierra, aún perduran. No ocurrió así con aquellos otros que quedaron diluidos en el pensamiento común, sin necesidad por tanto de ser expresados, y que acabarían muriendo al mezclarse […]

2403, 2014

¿Ha sido un éxito el 22M?

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Marchas de la Dignidad 22MHabría muchas formas de abordar esta cuestión. Sin embargo, no son tantas las perspectivas que se están considerando en las reflexiones y debates que están surgiendo en las horas que siguen a esta última movilización, y que principalmente son: el número de participantes, la violencia represiva del gobierno, y las reacciones de los manifestantes ante esa violencia. Como viene siendo también habitual, no son precisamente estos enfoques más debatidos los que nos puedan ayudar a dar respuesta a la pregunta sobre si ha sido o no un éxito el 22M.

Pero, ¿por qué no?

Vamos a suponer que el gobierno hubiera admitido que la tarde del 22 de Marzo habían 2 millones de personas manifestándose. Supongamos además que no hubiera habido ningún tipo de provocación ni de agresión policial. Y supongamos también que las marchas hubieran sido retransmitidas desde el primer momento por las televisiones. Dando por hechos estos supuestos, ¿habría sido entonces un éxito la manifestación? ¿Y si hubieran sido sólo 10.000 personas, que además hubieran sido reprimidas por la policía, que hubieran ido todas en autobús y que se hubiera silenciado todo por los medios, se hablaría entonces de fracaso? ¿Cuál es objetivamente el número exacto de manifestantes, el nivel de violencia del Estado aplicado contra ellos, la cantidad de kilómetros recorridos, o la cantidad de titulares que debe cumplir una movilización para poder tildarla de éxito o de fracaso?

Aunque, bueno, quizá sea un poco absurdo tratar de pensar en términos objetivos. Planteémoslo entonces de forma subjetiva. Quienes han regresado de la capital con un buen sabor de boca, con esa sensación triunfal de haber participado en algo histórico, y con el sentimiento de haber defendido su dignidad con coraje frente a aquellos que tratan de arrebatársela, ¿habría cambiado ese estado de ánimo el hecho de que hubieran sido más o menos personas, o que hubiera habido o no altercados con la policía? Por otra parte, quienes han regresado con desánimo, tras observar que al final no ha sido más que otra manifestación como tantas otras anteriores, y que un par de días después todo continuará igual, con el esfuerzo tremendo que costaría organizar y movilizar nuevamente algo tan inmenso, ¿se habrían s[…]

701, 2014

Haciendo real la utopía

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utopia

Ante la cuestión planteada de forma recurrente desde el activismo sobre por qué las poblaciones occidentales están tan inmovilizadas en proporción a la cantidad y gravedad de las agresiones que se están sufriendo, existe una explicación muy extendida que es en la que se basa la Doctrina del Shock de Naomi Klein: el miedo. El miedo que todo lo paraliza. Esto ha hecho creer a movimientos sociales y activistas que la principal herramienta empleada por las estructuras de poder para mantenerse y extenderse ha sido siempre el miedo, lo que como consecuencia ha centrado todos los esfuerzos activistas prioritariamente en combatirlo. Pero muchas de las personas que lean esto, y que estén relacionadas en mayor o menor medida con el activismo,Ciudad de Zombies coincidirán conmigo en que más que miedo con lo que nos hemos cruzado es con multitudes sumidas en la desgana y la apatía.

Esto me ha llevado a pensar que lo que realmente paraliza a las masas no es el miedo. Lo que ha sucedido, quizá, es que a través de las diversas dinámicas de poder que se han ido desarrollando en las últimas décadas hemos ido cediendo progresivamente el control sobre distintas parcelas de nuestras vidas, hasta el punto de llegar a delegar incluso la gestión de nuestras propias esperanzas y, con ellas, también de nuestras motivaciones. Por supuesto, esto no es culpa exclusiva de un determinado poder coactivo, ya que (independientemente de las posibles estructuras de poder, sus oscuras motivaciones, estrategias, conspiraciones, etc…) en última instancia hemos sido nosotros los que hemos ido cediéndolas alegremente, asumiendo sin apenas resistencia las reglas que se iban estableciendo. De esa pérdida casi absoluta y generalizada de control sobre nuestra esperanza viene la facilidad con que veamos a millones de personas agarrándose desesperadamente a un clavo ardiendo, aceptando condiciones miserables de vida tan sólo a cambio de la promesa de un puñado de migajas, y con más fuerza cuanto peor es la situación en que se encuentren (esto explicaría además por qué la clase media ha tenido más facilidad históricamente para rebelarse)Ricos y pobres. El miedo, que por supuesto también […]