Tiempo de elecciones

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En relación a las “novedosas” propuestas y, en apariencia, frescos debates políticos que, en estas fechas tan cercanas a las elecciones europeas, están centrando la atención de un amplio espectro social ajeno al bipartidismo, me gustaría recuperar un ensayo de Errico Malatesta que, a modo de diálogo platónico, reflexiona con profunda trascendencia acerca de la cuestión electoralista.

Si bien el texto es de 1890, sorprende observar cómo las ideas que en él se expresan tienen una sorprendente vigencia en el contexto actual, como lo demuestra el hecho de que aún hoy continúa reproduciéndose en no pocos debates y conversaciones. Sin embargo, en muchos de los discursos electorales con tintes revolucionarios o promesas de decisivos cambios sociales, parecen no tenerse en cuenta u obviarse con extraordinaria facilidad algunos de los planteamientos centrales excelentemente razonados en este ensayo, lo que hace que dichos discursos no consigan salvarse de incurrir en importantes contradicciones. Pues más allá de la honestidad y de la validez de los representantes que a través de un proceso electoral pudieran surgir, incluso de entre el pueblo y aún suponiendo el más óptimo devenir posible, convendría no olvidar ciertas cuestiones inseparables, condicionantes y limitadoras de la propia práctica electoral. Motivo por el cual he considerado importante recordar esta aportación de Malatesta, con el objeto de tenerlo bien presente en estos recurrentes tiempos de elecciones.

Me gustaría dejar claro que la invitación a esta lectura la hago sin pretensión alguna de interferir en la libertad de las personas que decidan organizarse políticamente para participar en procesos electorales, pero sí para evitar que sean estos mismos procesos electorales, por muy revolucionarios que parecieran presentarse, los que interfieran en la labor de las personas que prestan un gran esfuerzo a las múltiples actividades sociales y políticas independientes, tan útiles y necesarias para la cohesión y el empoderamiento ciudadano precisamente por mantenerse al margen de cuestiones e intereses electoralistas. Para que cualquier proceso electoral no consiga jamás desviar nuestra atención de los procesos de transformación que se estén llevando a cabo, en los trabajos o a pie de calle. Para que a cualquier candidato político que aspire a representarnos jamás le prestemos mayor atención ni le demos mayor importancia que la que merecen compañeros de trabajo, compañeros de algún […]