Dada una situación como la que vivimos, en exceso estricta y rígida, incapaz de adaptarse a un entorno cada vez más líquido y cambiante, e incapaz de asegurarnos una mínima ni una digna supervivencia, es lógico que se extienda entre la población el inconformismo.Flor en el Desierto Es lógico que nos resistamos a aceptar una moral, unas normas y unas formas de vivir caducas y profundamente desadaptativas como las que hoy se nos fuerza a aceptar. Es por ello que cada vez hay más personas y colectivos a nuestro alrededor que están cambiando de forma decidida sus formas de entenderse, de desarrollarse y de relacionarse.

Otras personas, sin embargo, se aferran como lapas a las viejas y caducas instituciones que ya se han demostrado absolutamente incapaces de gestionarnos. Pensarán, supongo, que a través de esas herramientas obsoletas serán capaces de afrontar un futuro incierto que no será, seguramente, como ninguno imaginamos. De la misma forma que hace veinte años tampoco nos imaginábamos estar relacionándonos (comunicándonos, aprendiendo, comerciando…) como lo hacemos hoy en día. Éstas personas, que tratan de abordar el futuro con las armas del pasado, son las personas reaccionarias.

John Ronald Reuel TolkienAunque no es del todo cierto que en el pasado ninguna persona pudiera imaginar este presente. Sí lo hicieron, de alguna forma, aquellas que han ido introduciendo todos los cambios que hoy estamos viviendo. Aquellas personas que abandonaron desfasadas lógicas para imaginar nuevas formas de hacer. Aquellas que no tuvieron miedo de asomarse al vacío que lo antiguo ya no era capaz de afrontar. Aquellas que sabiendo leer las necesidades de su entorno, han adaptado los recursos y creado las herramientas requeridas para atenderlas. A estas personas llamémoslas transformadoras.

Hay un tercer grupo, y es el de las personas que sencillamente van a la deriva. Que se dejan llevar tratando de encajar sin más a lo que ya hay, haya lo que haya, venga lo que venga. Personas que juegan con la baza de adaptarse al ambiente y mimetizarse lo máximo posible como estrategia de supervivencia, sin importarles críticamente la deriva sociopolítica. Estas personas, aún siendo capaces de adquirir una gran resiliencia, al no participar ni pretender asumir las riendas de los procesos de cambio, las llamaremos sencillamente dependientes.

ReaccionarioDe entre estas tres opciones de encarar el devenir y las transformaciones sociales, la más contraproducente es la del terco reaccionarismo: ese que trata de acaparar las masas impasibles y dependientes bajo la ilusoria promesa del cambio necesario, pero haciéndolo de la misma forma en que lo necesitaron las incipientes democracias representativas hace más de cien años. Y NO. No se puede cambiar sin dejar de utilizar las mismas formas.

Esas personas estarán eternamente dándose de bruces contra un muro, mientras todo continúa transformándose a su alrededor de manos de quienes sencillamente se dedican a elaborar esas nuevas formas de hacer que necesitamos para quitarnos de encima, como escombros sobre nuestros hombros, los lastres de tiempos pasados que nos impiden continuar hacia adelante.

Lo paradójico de todo este asunto (sabiendo que nada permanece eternamente y que, al final, todo cambia) es que a los transformadores se les llame utópicos. Y que sean precisamente los reaccionarios los que se hagan llamar a sí mismos como prácticos y realistas…

Abuelas riendose LOL ROFL ROFLMAO