Aunque esta publicación aparece a colación de las violaciones cometidas que han saltado estos días a la primera plana del circo mediático, creo necesario recalcar lo perjudicial que supone abordar las agresiones sexuales como casos concretos cuando la realidad cotidiana lo que nos muestra es que nuestra cultura actual lo que supone es una agresión sexual constante hacia las mujeres. Es lo que se viene denominando como la cultura de la violación, a la que principalmente alimentamos y de la que de forma inexcusable formamos parte los hombres, nos guste o no. Esa cultura que te garantiza que sufrirás una constante agresión sexual de por vida por no haber nacido hombre.

Desde esta perspectiva, rescatamos hoy de las redes sociales una publicación de la compañera Isis Brand, por la necesidad de este tipo de reflexiones que de una vez nos lleven a formularnos la pregunta ‘¿pero qué coño nos pasa?‘ que nos brinde como respuesta el inicio de determinantes reacciones:

El caso de los violadores grupales de Málaga nos recuerda que se nos olvidó leer la letra pequeña de las recomendaciones anti-violación del Ministerio de Interior. Había allí otras pautas que nos advertían que cambiar tus hábitos cotidianos y vivir en una burbuja de paranoia contra los hombres que te cruzas no te salvará de la violación; no ir sola por la calle, cerrar las cortinas de casa, dejar luces encendidas y cambiar nuestro nombre en el buzón no es suficiente.

De hecho, puede pasar que:
a) Te guste un chico y que sus colegas interpreten que pueden penetrarte todos.
b) Que lo hagan en un callejón.
c) Que posteriormente se lleven tus pertenencias.
d) Que la policía te encuentre llorando.
e) Que el parte médico indique un desgarro anal,
y que todo esto no sea violación.
Es una relación dentro de los parámetros de normalidad y consentimiento.

Lo que subyace a todo esto es esa letra pequeña que decíamos arriba y que reza así:
“Mujer, jamás des signos de deseo sexual, actividad libidinosa o atracción erótica hacia ningún ser porque ése será motivo suficiente para que una violación se convierta en una no-violación”

Pueden desgarrarte el maldito ano, robarte y dejarte llorando en un callejón, pero eso estará justificado porque conociste a un grupo de gente con el que estuviste pasando el rato y tomando copas esa noche. Y, claro, si te bebes un lingotazo y mantienes una “actitud amistosa” con esa gente, ERGO, violación.

¿Y cómo es que nos comemos toda esta mierda sin coger nuestras antorchas e ir a prenderles fuego a los cinco putos locos que hicieron esto?
Pues porque nuestros queridos mass media se han dedicado a hablar casi exclusivamente de los pobres chavales que sienten vergüenza de salir a la calle. Por ejemplo, podríamos abrir cualquier artículo de El País y ver en una simple ojeada cómo dedican el 90% del artículo a hablar de la defensa de los chavales, de cómo los apoya su familia y lo que ha dicho el alcalducho de Málaga, y UN PÁRRAFO a contar que la policía se encontró a la chica sola llorando y sin pertenencias en un callejón. Y encima ahora ellos van a denunciar a la chavala.

Eso es cultura de la violación, señoras y señores, eso es hacer caso omiso de lo que ella dice, es dar a entender que nuestros cuerpos, nuestros coños, nuestra capacidad de movimiento, nuestra elección en las relaciones no le importa a nadie.

Y esto, señoras y señores, es una cosa muy jodida y muy peligrosa.

[…] Si nuestro poder físico, nuestra capacidad para la defensa, sea cual sea su grado de violencia (desde la verbal hasta EL FUEGO) ha sido delegada en el Estado para que nos proteja, ¿qué sucede cuando éste no lo hace en absoluto y, además, cualquier acercamiento a auto-protegernos también es ilegal?

Por favor, que alguien me diga qué puedo hacer con cada situación en la que somos agredidas verbal, física o sexualmente, y prácticamente todas las formas de defensa no serían válidas ante un tribunal. 

[…] el único poder efectivo reside en generar espacios seguros, comunes e individuales y generar nuestras propias formas de actuación, porque esta sociedad vende y trata con nuestros cuerpos como si fuesen algo follable y usable en cualquier momento.

Hoy estoy hartísima.

Isis Brand