Desde hace unos años, poco después del inicio de la crisis y a raíz de los consiguientes recortes, ha ido surgiendo toda una serie de movilizaciones en torno a la educación pública. Éstas se han ido expresando desde multitudinarias manifestaciones sindicales contra los recortes presupuestarios y contra las congelaciones y sustracciones salariales; pasando por la consolidación de la llamada marea verde, que aglutina a diversos colectivos sociales además de los sindicales; y llegando hasta la aparición de focos algo más rebeldes orientados hacia prácticas de desobediencia civil (negándose a llevar a los niños a la escuela, llevando a cabo encierros en los centros, irrumpiendo en actos políticos, o cortando carreteras en señal de protesta), y otros focos orientados también a impulsar huelgas generales indefinidas o a realizar llamamientos y asesoramientos para la insumisión a la nueva ley educativa (LOMCE). Todo ello bajo el lema incondicional: ESCUELA PÚBLICA DE TOD@S PARA TOD@S.

En pocos años mucho se ha caminado, mucho se ha debatido, mucho se ha gritado y mucho se ha organizado para oponerse al modelo político de recortes en la inversión educativa. Sin embargo, dentro del mismo marco de insatisfacción y protesta, poco se ha hablado y se ha pensado respecto al propio modelo de escuela pública. Me refiero acerca de la educación en sí misma, sobre su función social e individual, acerca de cómo facilitar dicha función, qué impedimentos existen y cómo podrían resolverse para impulsar mejoras que beneficien a los propios implicados. Cuando se reclama una educación de calidad… ¿por qué se le pide a los gobernantes y se enfoca principalmente en las partidas presupuestarias? Sí, por supuesto que el aspecto económico es importante, pero de ahí a exigir una educación de calidad a los políticos…¿quién si no los propios docentes van a tener mayores competencias para asegurar dicha calidad? ¿O acaso se considera en general que el actual modelo educativo es inmejorable y tan sólo es necesaria una mayor inversión que asegure una suficiente capacidad material y una justa satisfacción salarial?

La cesión de la Educación Pública.

Manifestación EducaciónEs cierto que han habido personas que, desde su limitado ámbito de actuación particular, han hecho notables esfuerzos por atender la calidad de la educación desde una perspectiva proactiva, y no sólo implorativa. Pero no puedo evitar preguntarme si el actual escenario educativo se encontraría en el mismo punto suponiendo, desde un principio y por parte de sus principales actores (docentes, alumnos y padres y madres), que todo el esfuerzo invertido en protestas se hubiera entregado a organizar una reflexión compartida y conjunta sobre la educación de forma constructiva, y por qué no también subversiva, en lugar de tan sólo reclamar el cese de los recortes o la derogación de la LOMCE. Y, ¿cómo? Pues, por ejemplo: analizando las necesidades de docentes y alumnos que habría de cubrir el proceso formativo, y cómo atenderlas; detectando obstáculos que dificulten la atención de dichas necesidades; desechando los elementos obsoletos del actual sistema educativo; proponiendo soluciones que los propios actores educativos pudieran poner directamente en práctica; tratando de recuperar el control, a través de cualquier mínimo resquicio, de algunas decisiones organizativas; o incluso imaginando cómo sería un sistema educativo ideal y qué pequeños pasos podríamos empezar a dar en su consecución. ¿Se ha estudiado, propuesto o articulado, desde los grandes movimientos educativos, algún otro sistema organizativo alternativo? ¿Se han desarrollado iniciativas para poder intervenir directamente en la gestión de la educación? ¿Y por qué no?

Esto sucede porque hemos asumido de forma natural, más allá del carácter coercitivo y punitivo de la ley, que la educación debe estar en manos de políticos. Hemos interiorizado que en las instancias gubernamentales es desde donde se debe gestionar todo el sistema educativo de un país, y que ni en la organización ni en los contenidos pintan nada los profesionales de la educación, ni alumnos, ni padres, ni madres.Educación dirigida desde arriba Esto supone una cesión total de la gestión de la Educación Pública para que sean otros los que se encarguen de ella, en lugar de nosotros mismos. Definitivamente hemos terminado aceptando, sin resistencia alguna, que la única forma de intervenir en el proceso educativo es a través del voto electoral (castigando a gobiernos por su actual legislación, o apoyando candidaturas que lo que preparan es otra nueva ley general más de cumplimiento obligatorio para todos), o derrochando una energía descomunal organizando protestas para presionar a los políticos. Si lo pensamos bien, teniendo en cuenta que uno de los objetivos fundamentales de la educación es desarrollar personas autónomas y capaces de hacerse valer por sí mismas… ¿qué clase de ejemplo se brinda a la sociedad con semejante actitud de elusión de las propias responsabilidades en la construcción de los espacios educativos?

La educación es un proceso social que se da en toda comunidad de forma natural, independientemente de que dicho proceso esté o no articulado o institucionalizado, y por tanto es responsabilidad de todos los miembros de dicha comunidad. La apropiación forzosa por parte del Estado de la función de planificación de todo el proceso educativo no nos exime de nuestra propia responsabilidad en dicho proceso,Educación Marionetas pues la educación la vamos desarrollando (por acción o por inacción) entre todas aquellas personas que participamos del mismo. Si bien es cierto que el Estado coacciona para que la educación pública esté bajo su entera disposición, el hecho de que asumamos un rol pasivo de mera obediencia y desistamos de tratar de reapropiarnos de parte de su gestión, ese hecho ya está contribuyendo a conformar la estructura final de la educación pública, reforzando al Estado como actor principal y omnipresente en todo el proceso educativo. La actitud de exigencia y demanda, en lugar de una actitud de iniciativa proactiva, es una transparente muestra de ello.

Educación ¿Pública? y ¿Gratuita?

El Estado, tal y como hemos podido ser testigos después de varias décadas de gestión (y aún teniendo en cuenta ciertos logros que, en realidad, son inherentes a cualquier proceso educativo cuando se generaliza), podemos decir que se ha demostrado completamente incapaz de garantizar una educación de calidad para todas las personas, ni siquiera con la cantidad y calidad de recursos tanto humanos como materiales con los que cuenta. Tan sólo es preciso realizar un breve repaso histórico de la deriva de la gestión educativa para comprobar que el Estado tan sólo atiende a sus propios intereses. Si la educación estuviera realmente en nuestras manos, en manos de los propios implicados, no cabría duda que se administraría para cubrir nuestras necesidades. Pero al estar enteramente en manos del Estado, lógicamente la gestión educativa se verá influenciada por los intereses ideológicos, económicos, clientelares, o estratégicos de los gobiernos, en lugar de atender a los intereses de la población de la que se extraen los recursos económicos necesarios para mantenerla. Teniendo esto en cuenta, ¿por qué motivo entonces tendríamos que aceptar que sea el Estado quien decida cómo han de ser los centros educativos, cuál ha de ser el contenido del currículum, cómo ha de planificarse y cómo debe evaluarse?

Colegio como fábricaLos actuales sistemas educativos estatales y obligatorios surgieron hace ya más de doscientos años para atender necesidades e intereses muy concretos de las sociedades de aquella época, y sin embargo a nadie parece interesarle pensar por qué apenas se han modificado teniendo en cuenta la cantidad de enormes cambios sociales que han acontecido desde entonces. Las pocas y superfluas variaciones que se han implantado han sido principalmente en el ámbito de la especialización y la competitividad, posiblemente como consecuencia del interés autoprotector de cada Estado para evitar posicionarse en desventaja con respecto a otros Estados ante la generalización de un mercado plenamente industrializado y globalizado. Pero a grandes rasgos, tanto la estructura, como la planificación,  la obligatoriedad, y el carácter militar del actual sistema educativo, no han variado mucho desde la implantación de los primeros sistemas de educación obligatorios de principios del siglo XIX. En todas las corrientes pedagógicas modernas (de las que podríamos destacar las aportaciones de Ivan Illich, Paulo Freire, Howard Gardner, Ferrer i GuardiaMontessoriFreinet, o  Ausubel) es una conclusión unánime que los sistemas educativos actuales están completamente desfasados y desactualizados, que no atienden las necesidades sociales actuales, y que ya sólo sirven a determinados intereses gubernamentales.

Educacion CalidadEs por este motivo por el que me cuesta tanto llamar Educación Pública a un sistema educativo cuyo designio está en manos de un Estado, y no en manos de sus profesionales y sus usuarios. La noción ideal y esencial de la educación concebida como un derecho social natural, que tan sólo debería ser garantizado, acaba convirtiéndose en una obligación a través del filtro legislador del Estado. Y es que es precisamente la forma en que está legislada la que evidencia que la educación no está al servicio de los ciudadanos, sino de su gobierno. Si la educación pública estuviera realmente a nuestro servicio, su legislación permitiría que fueran los trabajadores quienes organizasen, administrasen y planificasen todo el proceso educativo con el asesoramiento y participación de alumnos, padres y madres. De esta forma, los problemas y carencias del sistema educativo resultante recaerían directamente en perjuicio nuestro, activando de forma natural la responsabilidad de solucionarlo y mejorarlo entre todos lo más rápida y eficazmente posible, precisamente por interés propio. Ésta sería la única manera en que se aseguraría que la educación asiste nuestros propios intereses, en lugar de asistir los intereses del ministro o del gobierno de turno (cuyos problemas a resolver son más bien electorales, de imagen, de compromiso ideológico, de pactos políticos o de presiones). Entonces, ¿cómo podemos llamar público a un sistema educativo que atiende a otros intereses que no son esencialmente los de la población?

Leyes EducativasPara ocultar esta contradicción, hemos acabado reducido el concepto de educación pública a su condición de gratuidad. Pero ni siquiera es así, puesto que se costea por vía impositiva y, a consecuencia del engorro burocrático (de obligado cumplimiento para administrativos, alumnos y docentes) que consume recursos en exceso, al final acaba suponiendo un costo mucho más elevado que el estrictamente necesario para cumplir la función educativa. Sin todo ese excedente de recursos utilizados, y dejando la educación en manos de sus actores, imaginaos por un momento la calidad y cantidad del servicio educativo que se podría estar prestando.

Haciendo Pública la Educación.

Son muchos los docentes que se encuentran en este dilema: tratan de hacer lo mejor posible su trabajo como educadores, pero el sistema educativo no hace más que ponerle trabas para no poder desempeñar idealmente su trabajo. Y es por esto que muchos os preguntaréis, ¿de qué nos sirve en la práctica pensar en todo esto, si la ley no nos deja más opción que obedecer y seguir instrucciones? Creo que es de suma importancia que pensemos en todas estas cuestiones para que no olvidemos nunca que la práctica de la docencia es una responsabilidad por la función social que ejerce. Que nuestra forma de estar en la institución educativa ya está inculcando a los alumnos una determinada forma de estar en el mundo. Que hablar, debatir y compartir todas estas cuestiones con compañeros, con amistades, con la familia e incluso con los propios alumnos, facilita que vayamos adquiriendo poco a poco una actitud proactiva respecto a la actividad docente, Educacion un compromiso de todosy además extiende la conciencia social de la importancia y la necesidad de una educación que funcione realmente como un servicio público, es decir que esté en nuestras propias manos y no en manos de intereses políticos. Que cuestionemos todas aquellos obstáculos que impiden un desarrollo óptimo de la educación. Que imaginemos soluciones. Que no perdamos nunca nuestra concepción ideal de la educación, por muy lejana que quede, para poder ir dando pequeños pasos, cada vez que se presente la ocasión y veamos que podamos, en esa dirección. Que tomemos conciencia de que ser docente es mucho más que un puesto de trabajo, que es mucho más que ser una pieza en un engranaje. Aunque no es nada fácil, pues muchas personas que en el proceso se ven impotentes, bloqueadas, o entre la espada y la pared, no debemos olvidar nunca que es responsabilidad de todas hacer de la educación una función útil para la comunidad.

No podemos continuar permitiendo que ya desde pequeños se nos eduque para no tener control sobre nuestras vidas, o para que nos limitemos a aceptar directrices. Así nunca estaremos preparados para desarrollarnos como personas plenamente autónomas, capaces, responsables y dueñas de nuestro destino. Tampoco podemos permitir que el ejercicio de la docencia se limite igualmente a cumplir órdenes, abandonando como consecuencia toda capacidad de aportación creativa. Lo único que se enseñará así es que se encarguen siempre otros de organizar la realidad por los demás, para que no tengamos que pensar lo más mínimo.Solo se que no se nada Y es precisamente en el actual contexto de crisis global económica cuando más se precisa de soluciones creativas e independencia que eviten que nos desmoronemos junto a todo lo viejo de un mundo que ya ha comenzado a derrumbarse.

Por todo esto, cuando en adelante pensemos en una educación pública, gratuita y de calidad, reflexionemos bien en lo que deberían significar estos calificativos, que no corresponden hoy con la realidad. Cuando escuchemos o esgrimamos la máxima aquella de “La educación no se vende, se defiende”, pensemos cómo demonios se defiende algo que no es nuestro, sino que está en manos del propio enemigo, sin reapropiarnos antes de ello. Y si luchamos para que una educación realmente pública se haga realidad, actuemos con coherencia tendiendo siempre hacia una educación gestionada y administrada por los propios actores educativos, entre todos y para todos.

Este artículo continúa desarrollándose en el siguiente enlace:
De la Educación Pública… hacia una Educación de Dominio Público.