No han sido pocos los discursos, de esos que pretenden arreglar el mundo, que he escuchado acerca de la necesidad de que los medios de producción estén bajo control y propiedad de los propios trabajadores, en lugar de estar en manos de clases adineradas protegidas por poderes políticos. Y no les falta razón. La elevadísima capacidad financiera necesaria para poder acceder a los medios de producción de gran escala, que ‘parecen’ ser los únicos capaces de introducirse en el mercado con ciertas garantías para poder competir sin volatilizarse, hace que éstos sean completamente inaccesibles para ningún trabajador asalariado, ni aún siquiera con los ahorros de toda una vida. Charles Chaplin, en Tiempos ModernosSe trata, sin duda, de uno de los motivos principales que nos han convertido en grandes dependientes tanto como productores como consumidores. Sin embargo, y como consecuencia de la crisis que padecemos, están surgiendo cada vez más casos de fábricas que, tras su cierre, son recuperadas por los antiguos trabajadores unidos en cooperativa. Lo que parecía imposible vemos que se está haciendo realidad gracias a los abandonos o las bancarrotas de las propias fábricas. Lo malo es que, de forma paralela, observamos las enormes dificultades con que estos mismos trabajadores se están encontrando para mantenerse a flote. Esto demuestra que no se trata tan sólo de un problema de posesión de los medios de producción, sino además de un problema de escala de producción. Y eso sin contar con el entramado político-financiero del capitalismo clientelista que nos asola hoy día,  contra el que no se puede competir. No al menos utilizando sus mismas armas.

Como respuesta a esta situación, está emergiendo una tendencia de mercado que está apostando fuerte y decididamente por una producción de menor escala y alto alcance, que nos está permitiendo volver a recuperar el control de pequeñas parcelas de producción y de consumo, lo que nos confiere también cierta capacidad para ir cambiando las degradadas reglas de juego actuales y para competir también dentro de los estrechos márgenes que hoy existen. Además, se está extendiendo en todo tipo de sectores. Es el caso, por ejemplo, de la tecnología de impresión en 3D, cuya aplicación en la actividad económica podría encajar perfectamente en la línea de lo que Juanjo ha definido inicial y momentáneamente como Activismo de Mercado, es decir,

“todo aquel intercambio de bienes o servicios que, intencionalmente y por su propia naturaleza, no sólo beneficia a las partes que intervienen directamente, sino también a su entorno. Así como el diseño y comercialización de productos con el ánimo de difundir y transmitir ideas y valores”.

Hay muchos otros ejemplos basados en este tipo de intervención económica capaz de ofrecernos soluciones y transformaciones reales sobre la forma de consumir, trabajar y comerciar, pero hoy toca hablar de la impresión en 3D. Ahora bien, ¿en qué consiste exactamente? Seguramente ya lo sabrás, pero por si no lo tienes muy claro, este video hace una aproximación algo básica en pocos minutos para que lo entendamos:

¿Qué son las impresoras 3D?

En los últimos años, una serie de factores (como la liberación de patentes o la apuesta por trabajar en código abierto) ha permitido que este tipo de impresoras estén disponibles por menos de 1.000 €. Sé que hay una cantidad enorme de familias o pequeñas empresas, por desgracia en aumento, con dificultades para asumir una inversión de este tipo. Pero desde luego no hablamos tampoco de la adquisición de las millonarias cadenas industriales de montaje que mencionábamos al principio de esta publicación. Este tipo de impresoras está al alcance de cualquier persona o empresa con un nivel adquisitivo medio, que cuente con un mínimo de capacidad de ahorro. Bien, pero… ¿para qué querría alguien hacerse con un cacharro de estos? Son varios los motivos por los que cada vez más personas deciden adquirir una impresora 3D:

  • Para tener en tu propia casa, o negocio, la posibilidad de fabricar una cantidad inimaginable de objetos o piezas de repuesto sin tener que depender de proveedores externos para adquirirlos. Tan sólo en una web, Thingiverse, hay ya subidos más de 100.000 modelos imprimibles, y el número de archivos que comparten está creciendo exponencialmente.
  • Para iniciar una actividad comercial a partir de una inversión mínima que prácticamente no supone riesgo de pérdidas y que no genera dependencia financiera. Las aplicaciones son infinitas, ya que cualquier cosa que se te ocurra es imprimible, desde la artesanía hasta la fabricación de juguetes, recambios, moldes, o la personalización de todo tipo de objetos.
  • Para reforzar una actividad comercial que ya se llevaba a cabo, o incluso para ahorrar en costes. Así ocurre con la posibilidad de hacer moldes para prótesis dentales, en el caso de los odontólogos, y con la posibilidad de auto-suministro de repuestos en el caso de talleres de cualquier tipo, por ejemplo.
  • Por el costo de fabricación, ya que el material que sirve de materia prima es muy económico, lo que permite poder introducir en mercados locales productos que hasta ahora sólo podían ser servidos por multinacionales, y a precios similares.
  • Por la propia fabricación aditiva, que aprovecha la misma materia prima casi al completo, ya que no genera apenas residuos, además de muchos otros beneficios e impactos positivos que tiene hacia el medio ambiente.
  • O simplemente por conocer un nuevo sistema de producción, indagarlo, explorarlo, modificarlo, mejorarlo, compartirlo…

En definitiva, una mayor independencia y autonomía, un plus para la propia capacidad creativa, un ahorro y una ayuda para las tareas domésticas o laborales, una reducción en la huella ecológica, la posibilidad de poder iniciar una actividad comercial, y romper con las reglas actuales del mercado, parecen razones más que suficientes para interesarse por este nuevo tipo de tecnología.

Impresión 3D para todos.

Si te ha resultado interesante esta pequeña y básica introducción a los sistemas de impresión en 3D familiares, y te gustaría profundizar más, saber cómo hacerte con una impresora o incluso cómo fabricarla con tus propias manos, una buena forma de comenzar es a través del proyecto RepRap: una impresora 3D de código abierto y autorreplicante. Si eres de espíritu autodidacta, por internet encontrarás además multitud de tutoriales, explicados con más o menos detalle, y diversos proveedores de materiales.

Si por desgracia no dispones del tiempo, la motivación o los recursos necesarios para ir aprendiendo por tu cuenta, pero sigues teniendo un gran interés por acceder a este tipo de tecnología, no desesperes. En España, por ejemplo, a través de Tikoa Technology tienes la posibilidad de acceder a servicios parciales o integrales de consultoría completamente actualizados, que estudian tu situación, tu necesidad, tu idea, tu proyecto o tu caso particular, y que al mismo tiempo te pueden formar, te pueden proveer de todo tipo de materiales, o incluso ponerte en contacto con inversores. Toda una apuesta para impulsar y consolidar la implantación de este tipo de tecnología, que a la larga supone un beneficio mutuo para todas aquellas personas que se vayan integrando en esta novedosa red de producción y de consumo que supone la impresión en 3D, y que tantos éxitos está cosechando y tantas posibilidades está abriendo al mercado.

Impresoras 3D
Todos estos proyectos, y muchos otros que van proliferando, son toda una apuesta para la introducción de esta tecnología, para su fácil acceso y para la materialización de la capacidad de cambio a nivel de producción y de relaciones comerciales que ya hemos visto que conlleva, lo que es perfectamente compatible con la línea de activismo capaz de hacer real la utopía que reflexionamos anteriormente.