Pecado OriginalEn esta fingida democracia, supuesta garante de las libertades y los derechos civiles, quienes realmente la moldean a su antojo es así como nos quieren: dóciles, obedientes, dispuestos siempre a poner la otra mejilla, sumisos, conformistas y resignados para aceptar el inamovible destino que dicen que debemos asumir con abnegación indigna. Hay que estar muy ciego para no ver que el testigo de la moral cristiana, antiguamente impuesta por las poderosas instituciones católicas para someter al pueblo, es hoy recogido por la figura del Estado para continuar sometiéndonos y aplicándonos una ética trasnochada que, en pleno siglo XXI, continúa considerándonos incapaces por naturaleza de albergar moralidad alguna.

Es por ello que no quieren bajo ninguna circunstancia que nos mostremos capaces de desarrollar una elevada moral humana; que no quieren tampoco que podamos albergar en nuestro interior el primigenio deseo humano de regenerar nuestra sociedad o de mejorar nuestro entorno; no nos quieren voluntariosos, ni nos quieren tampoco libres, ni dueños de nuestras propias decisiones; no quieren permitirnos desarrollar con plena autonomía todas nuestras capacidades, pues no les interesa lo que podamos ofrecer a la sociedad como personas. No. Tampoco quieren gente que proteste; no quieren personas que les griten a la cara en los ayuntamientos o en la calle; no quieren que reaccionemos cuando un montón de bestias acorazadas nos apalean, nos humillan, nos echan de nuestras propias casas o nos meten en la cárcel;tiananmen no quieren un pueblo que sea capaz de organizarse, capaz de pensar en sus problemas ni tampoco capaz de encontrar soluciones por sí mismo. No. No quieren tampoco mujeres independientes que sigan su propio camino o tengan su propia forma de hacer las cosas o que vivan como les salga del coño en lugar de asumir todo lo que desde pequeñitas se esperaba de ellas; no quieren gente que piense por sí misma.

Nos prefieren humildes, miserables, abandonados y sacrificados para aguantar la más extrema pobreza sin oponernos. Nos prefieren desprovistos de la incontrolable ambición que las personas tenemos por mejorar las cosas, y despojados del pagano anhelo de pensar o encontrar soluciones por nosotros mismos.censura Nos prefieren dependientes y esperanzados en que ellos (¡oh! sabias representaciones divinas en la tierra) encuentren por nosotros el alivio ante tanto sufrimiento. Les da igual si por el camino de la redención acabamos cientos de miles de personas durmiendo en las calles o recogiendo en la basura, aunque incluso de la miseria tratan de sacar aún mayor provecho si cabe. Todo vale mientras nada se entrometa en sus negocios y mientras nadie se revuelva o decida reaccionar ante todo este opresivo vasallaje. Nos quieren con la cabeza gacha mientras nos callan la boca a golpe de porrazos, mientras se nos expulsa de nuestros hogares,maltrato_infantil mientras cargamos en nuestras conciencias con la visión de nuestros propios hijos pasando hambre, o mientras morimos por enfermedades o en circunstancias más que controladas hoy en día. ¡Ay de quien se atreva a levantar con desafío la cabeza y de quien ose alzar amenazante sus laboriosas manos, ni tan siquiera como acto reflejo, después de haber recibido tantas humillantes bofetadas!

Puedo entender, aunque me repugne, que las ratas que acumulan nuestra riqueza, y que tienen en sus manos el poder que por la fuerza ejercen sobre nosotros, nos quieran así y que hagan todos los esfuerzos posibles por perpetuarnos en este estado de subyugado letargo. Lo que no puedo comprender, lo que de verdad me enerva y me vence, es que también nos quieran así nuestros propios conciudadanos,esclavo_asumido los que sufren día a día los mismos males y comparten con nosotros las mismas preocupaciones.

“¡No!” – repiten una y otra vez, convencidamente aleccionados – “No podemos cortar cada día el tráfico”, “las huelgas hacen mucho daño a la economía”, “no debemos gritarles ni perseguirles por la calle”, o “no debemos responder a la violencia con violencia”. “Esa no es la solución a nuestros problemas”.

Y la verdad es que yo también lo creo, creo que protestar suplicando misericordia a nuestros gobernantes, o sólamente defendernos con contundencia ante los ataques de sus perros guardianes, realmente no va a solucionar el mal endémico del que adolece este sistema. Creo que, aunque sea legítimo y a veces necesario protestar y defenderse cuando se es agredido de forma sistemática, la solución hay que buscarla por otros lares. Por ejemplo, a través del empoderamiento personal y comunitario, o a través de esfuerzos tan creativos comos subversivos para impulsar nuevas formas de relacionarnos y de crear sociedad. Pero ya hablaremos con más detenimiento de esto en otras publicaciones.

Y aún con todo, ¡qué cojones!, ¿sabéis por qué a veces es necesario gritar, incumplir normas injustas o tratar de defenderse? Porque en ese momento, en ese instante en el que te ves gritándole al alcalde que te cortó el agua, respondiendo al policía que te arrebató un ojo sin que tú hicieras nada,news_04-2 increpando al diputado que trata de impedir que recurras al aborto o presionando al banquero que te dejó en la puta calle con tus hijos, es en ese preciso momento en el que te das cuenta de que no son más que personas (aunque miserables), que tú no eres menos que ellos, y que las normas que han creado para proteger sus parcelas de poder, a costa de limitar nuestras parcelas y libertades, a veces no son tan difíciles de romper. En ese momento te sientes fuerte, ya no como el corderito dócil y resignado, sino como la persona capaz que eres de sobreponerte a las circunstancias y a las limitaciones impuestas, de luchar y de seguir adelante cueste lo que cueste, dependiente únicamente de tus propias fuerzas y no de la caridad indulgente de tus opresores. En ese momento recuperas el dominio de tu propio espacio, de tu cuerpo, de tus actos, pensamientos, emociones y valores, que hasta ese momento habías cedido o te habían arrebatado. Y es cuando puedes por fin proyectar algo de ti en tu entorno, en lugar de recluirlo abandonando a la deriva tu propia existencia y condenándola al ostracismo.

no_mas_violenciaA veces es necesario gritar, desobedecer o responder a las agresiones, porque de esta forma podemos coger la fuerza precisa para no acabar como Jaume, la última víctima en el drama de los desahucios, que este mismo fin de semana no pudo sobreponerse ni resistir más ante la presión, el acoso y la violencia con las que este sistema de mierda le mantenía sometido, como siguen estando sometidas millones de personas, de familias enteras, cada día. Un nuevo asesinato de Estado, perpetrado por quienes hacen las leyes con la ayuda inestimable y necesaria de quienes, monopolizando los servicios y bienes básicos de supervivencia, anteponen los intereses económicos a las mínimas necesidades humanas.

A veces es necesario rugir y defenderse porque, aunque no se traten de acciones que por sí mismas solucionen nuestros problemas, sí que nos permiten liberar esa rebeldía necesaria para hacernos despertar de nuestro letargo, capaz de hacer resquebrajar los grilletes que hasta entonces nos mantenían presos, capaz de abrir paso a la esperanza a través de las grietas abiertas en los altos muros que hasta entonces nos impedían ver más allá de nuestra propia miseria. A veces es necesario, porque no todo el mundo nace con la capacidad de sobreponerse ante un escenario de ahogo constante y de sumisión inducida.Rebeldía Creativa Y, en esos casos, hacer uso de la rebeldía reactiva, es decir esa rebeldía  impulsiva y contestataria que nos nace como acto reflejo ante la opresión para proteger nuestra identidad, es el paso necesario para aprender a ejercer la rebeldía creativa, esa otra rebeldía más reflexiva y controlada que nos permitirá reafirmarnos, nos ayudará a definirnos, y en última instancia nos enseñará cómo proyectarnos en nuestro entorno para poder participar en la búsqueda y en la puesta en práctica de las soluciones a las situaciones que queremos superar.

Y tú, ¿no tienes fuerzas ni razones para luchar contra este sistema? ¿No crees que sea necesario oponerse a esta forma de hacer las cosas, que causa tanto sufrimiento, pobreza, muerte y destrucción ambiental? De verdad que lo entiendo. No pasa nada. Te gusta esta forma de vivir, ya que al menos de momento te mantienes a salvo. Vale. Pero, ya que voluntariamente has preferido mantenerte al margen, al menos deja de interponerte en el camino de quienes tratamos de recuperar algo de dignidad, de sobreponernos a la opresión, o de defendernos y buscar con mayor o menor acierto una solución. Que esto no se trata de simple rebeldía adolescente, que hay vidas en juego y muchas de ellas se desintegran cada día, que hay un futuro por construir para las generaciones venideras, y resignarse o mirar a otra parte no va a frenar ni detener la masacre.

Rebeldia