No deja de llamarme la atención la facilidad con la que, todavía hoy, ciertas influencias se transmiten desde los medios de comunicación masivos hacia la indignación personal, e incluso hasta los espacios de denuncia y movilización social, modulando e imprimiendo sesgos en la percepción que vamos adquiriendo no sólo sobre lo que ocurre a nuestro alrededor, sino también en la percepción que tenemos sobre nosotros mismos. Y me sorprende aún más teniendo en cuenta la mayor capacidad proactiva de acceso a la información, y la mayor posibilidad de ejercer el pensamiento crítico y el contraste de la información, que internet nos ofrece en la actualidad.

Atentados de ISIS en Francia, Túnez e IrakEsta semana se han denunciado globalmente, y con sumo detalle, los gravísimos ataques ocurridos en Francia, Túnez y Kuwait por parte del ISIS a pocos días de haber dado comienzo el Ramadán. Sin embargo, se han ignorado como si no hubieran existido, ni importasen, los más de 150 muertos en la ciudad kurda de Kobane tras un ataque coordinado del Estado Islámico ocurrido en las mismas fechas que el resto de ataques terroristas.

No pretendo en absoluto reprochar que las grandes corporaciones propietarias de los medios de comunicación occidentales exclusivamente se hagan eco de todo aquello que afecte o atienda a los intereses económicos que mantienen en otros sectores. No es su objetivo, ni su motivo de ser, informarnos correctamente. Nunca lo ha sido, ni lo será. Y nosotros no somos tontos, y sabemos de sobra cuál es su cometido. Por ello, sería absurdo que tomásemos la posición de exigirles una información veraz, contrastada y libre de sesgos e intereses ajenos al código deontológico del periodismo. Y más sabiendo que hoy en día tenemos a nuestro alcance herramientas que nos permiten estar bien informados sin tener que depender de medios de comunicación generalistas.

G20En este caso, pues, se hace bastante evidente que lo que se pone en valor detrás de todas estas últimas noticias relativas a la actividad terrorista del Estado Islámico, son los intereses geoestratégicos (económicos y políticos) de las grandes corporaciones occidentales. Francia, por motivos evidentes; Túnez, por ser uno de los principales países que están alojando numerosas empresas europeas dedicadas a la alimentación, a la construcción y a la producción energética, y que les sirve de bastión para extenderse por el resto del continente africano; y Kuwait, básicamente por el petróleo del que dependemos. Que sólo nos hablen de estos tres ataques, cuando en esta última semana la actividad del ISIS ha segado más vidas humanas en otras zonas geográficas, evidencia la mentira que se esconde detrás de esa “guerra internacional contra el terrorismo islámico” que se proclamó tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 en EEUU o el 11 de marzo de 2004 en España. Evidencia que no nos están informando de la maldad del terrorismo islámico en el mundo,mapa_kobane_map ni tampoco del valor de la vida humana en sí misma como derecho inalienable a proteger. Lo que nos hablan es del valor de los intereses corporativos occidentales.

Y, de forma paralela a la información que iban vertiendo los medios de comunicación masivos, he observado esta última semana cómo este sesgo manipulativo se ha ido replicando también a través de denuncias tanto personales como de diversos movimientos sociales. Ya advertíamos en este blog de los peligros de identificarnos, aún sin darnos cuenta, con supuestos bandos tras algún acto terrorista, o de guerra, que acaba costando vidas de personas. En este caso, casi inconscientemente, lo que se ha estado haciendo es replicar el valor del occidentalismo, a partir del yihadismo islámico, por encima del valor de la vida humana independientemente de su geografíaEn el fondo, creo que sería un ejercicio de honestidad por nuestra parte reflexionar sobre esta cuestión y reconocer que, de alguna forma, para todos nosotros al final unas vidas acaban teniendo más valor que otras.

instinto_proteccionAhora bien, ¿es esto ético? Realmente, no creo que sea nada inmoral considerar que unas vidas valgan más que otras (aunque todas nos importen). Por muy igualitaristas que creamos ser, tan sólo a nivel genético ya operan en nuestro juicio mecanismos que, en situaciones de vida o muerte, nos llevan a optar por la supervivencia de aquellas personas que contengan la mayor carga genética que sea similar a la nuestra. De la misma forma, damos más valor a la vida de las personas con las que convivimos y que nos aportan algún beneficio para nuestro desarrollo tanto individual como comunitario. No nos duele igual la pérdida de alguien cercano e importante para nosotros, que la de alguien a quien no conocemos.

Dando por hecho, entonces, que para todas las personas el valor de una vida es algo subjetivo, quizá lo peligroso de este asunto es el hecho de que ese valor subjetivo se vea alterado y manipulado por intereses ajenos a los nuestros. Es decir, que sean otras personas las que estén condicionando el valor que para nosotros realmente pudiera tener la vida de una persona concreta. Y es peligroso porque, algo tan importante para nuestro desarrollo en un entorno dado como lo es la valoración de una vida, que la dejemos a merced de la voluntad de gente con poder e intereses para los cuales nosotros mismos no importamos lo más mínimo, nos hace especialmente vulnerables y manipulables.Azores Es lo que ocurre, por ejemplo, con los nacionalismos. Y la razón por la cual nos preguntamos históricamente por qué tantas personas acuden siempre a matar en las guerras, aún a sabiendas de que no combaten por sus propios intereses, sino que se matan entre ellos por defender los intereses de señores poderosos que los utilizan para no tener que jugarse su propia vida ni tampoco manchar sus propias manos de sangre.

Por mi parte, más allá de lo genético y de lo comunitario, sí reconozco que hay una serie de personas cuyas vidas considero de mayor valor que las de muchas otras. Es precisamente lo que me ha llevado a escribir este post, tratando de dar respuesta a esa prevalencia de lo occidental que muchas personas en mi entorno acaban transmitiendo. Confieso que para mí la vida de quienes luchan por la libertad, kurdistan_freedom_fighters_rojava_kobaneasí como la de quienes en libertad defienden su identidad e integridad territorial por sus propios medios, tiene muchísimo más valor que las vidas de aquellas otras personas que simplemente aceptan la comodidad de la moderna esclavitud occidental y renunciaron a tener una vida e identidad propias asumiendo sin más las que el estado les impone. Esa es precisamente la lucha que durante décadas lleva librando el pueblo kurdo, asediado constantemente no sólo por el estado islámico sino también además por ese estratégico aliado de occidente como lo es el estado de Turquía.

Y con esto no quiero decir que la vida del esclavo o del nacionalista, atrapados en la mentira de quienes les gobiernan, no me importen. Sólo es que hay otras vidas que subjetivamente tienen más valor para mí, en tanto en cuanto luchan por algo que a la larga nos beneficia a cuantos deseamos poder vivir como personas plenas y libres. Es por eso que me duele especialmente la pérdida de vidas en el pueblo libre del Kurdistán, y que las pierdan defendiendo lo que otras personas apenas estamos comenzando a construir, resistiendo el asedio tanto de la tiranía salvaje del ISIS como de la tiranía sofisticada del mundo occidental. Y por eso me duele tanto que silencien sus muertes. Porque el pueblo kurdo no muere sólo por defender su propia libertad, sino que está muriendo defendiendo la libertad en el resto del mundo, resistiendo y manteniendo viva la demostración de que aquello que muchos tan sólo soñamos, ellos lo están haciendo real.

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