marioneta_humanaEl único derecho que no puede ser asistido es el derecho natural a no ser gobernado. Ninguna persona nace para ser sometida por otra.

Y, aunque es cierto que existen personas (lamentablemente muchas) que voluntariamente deciden someterse y entregarse al mandato de un gobierno, si no queremos ser dirigidos por nadie no tendremos más remedio que asumir por nosotros mismos el compromiso de darle forma a nuestra propia vida.

Es por ello que sólo a través de la puesta en práctica de este derecho es como se forman personas y comunidades enteramente responsables. Pues ser responsable no consiste en cumplir normas ajenas. Cumplir las normas que dictan otras personas sin más, sólo significa ser obediente, e implica cesión de la voluntad propia. Sin embargo, ser responsable consiste en adquirir la capacidad de elaborar esas normas de convivencia, pactándolas voluntariamente con quien nos relacionemos y sin pretensión de imponerlas a terceras personas (pues en tal caso impediríamos que esas personas pudieran aprender igualmente a ser responsables).

¿Puede haber, por tanto, mayor ejercicio de responsabilidad que confiar a priori en todas las personas? Permitiéndoles así desarrollarse y relacionarse con la máxima libertad posible, en lugar de imponerles condiciones bajo la suposición de que son incapaces de ser responsables.banksy_graffiti La propia existencia de un gobierno que legisle unas normas sobre todas las demás personas, sin dejarnos tomar parte de ello, supone un acto de tremenda irresponsabilidad.

No es de extrañar, pues, que se perciba con mayor intensidad que vivamos en sociedades cada vez más vacías, que parecen marchar completamente a la deriva, y en las que la solidaridad y el interés por el bienestar ajeno brillan por su ausencia. No existe ya un compromiso real por formar parte activa en la construcción de nuestro entorno social. Y en buena parte esto es debido a que hemos dejado de sentirnos responsables de asumir esa función, ya que ha sido delegada forzosamente hacia otras instituciones que la dirigen por nosotros.

Y así nos encontramos hoy en día, sin poder tomar decisiones en nuestras propias ciudades, sin poder aportar, ni participar, ni aprender de nuestros aciertos ni de nuestros errores como sociedad, sin saber tampoco por qué ocurre lo que nos está sucediendo, sin tener ni idea sobre cómo poder solucionarlo por nosotros mismos, y echándonos las culpa unos a otros en lugar de asumir de una vez por todas nuestra propia responsabilidad: la responsabilidad de todo aquello que podríamos hacer, pero que hace ya tiempo que cedimos.

¿Por qué no comenzar a revertir este proceso? ¿Por qué no asumir sin temor nuestra responsabilidad? ¿Por qué no empezar por reconocer qué partes importantes de nuestra vida hemos ido cediendo por comodidad? ¿Por qué no coger el timón de nuestra propia existencia? ¿Por qué no reconocernos como individuos con identidad propia, capaces de aportar lo que queramos a nuestro entorno, y no sólo lo que otros nos digan? Y, finalmente, ¿por qué no ir aún más allá y, además de reconocer nuestra propia individualidad, nos atrevamos a compartirla y buscar la forma de proyectarla junto con otras personas?

En definitiva… ¿Por qué no empezar a hacer uso de una vez por todas de nuestro derecho a ser responsables?