Control SocialTal y como comentábamos en la publicación anterior, son los Estados y sus gobiernos cambiantes los propietarios por la fuerza de los actuales sistemas educativos. Por eso, al no permitirse su administración, planificación o gestión por parte de los propios profesionales y usuarios, al final lo que se denomina como ‘Educación Pública’ resulta atender a intereses y necesidades del Estado más que a los intereses y las necesidades de la población misma.

De esta forma, la educación queda atrapada en la falacia del constructivismo social que denunciaba Hayek. El constructivismo social se basa en la creencia de que la realidad social puede ser construida, modificada y controlada, en toda su complejidad, al antojo de cualquier entidad reguladora con capacidad para imponer sus reglas. Sin embargo la educación, al igual que ocurrió con el lenguaje o la economía, son funciones que, por su necesidad en la construcción de una sociedad, surgieron desde un principio de forma espontánea y han ido evolucionando de forma natural hacia estructuras más complejas y estables (como es hoy en día el amplio cuerpo teórico de la pedagogía y lo es también la cantidad de recursos y metodologías que han ido surgiendo de la propia práctica docente). Históricamente, la educación no se comienza a practicar por la existencia previa de un gobierno que la organice, sino que se trata de un proceso connatural a la condición social del ser humano. Y, precisamente por tratarse de una función social básica y necesaria, ha sido por lo que pasó a señalarse como uno de los objetivos principales para ser intervenido por los incipientes estados modernos.

Constructivismo Social HayekLa educación no nos fue expropiada por los Estados para asegurarla a todas las poblaciones. Fue expropiada por la fuerza (a golpe de decreto) para asegurarse que así cumpliría la función que los mismos Estados precisaban, esto es: para infundir la necesidad de vivir bajo un orden estatal; para inculcarnos el nacionalismo; y para amoldarnos a la estructura económica decidida por los gobernantes. De la necesidad del cumplimiento de tales objetivos es de donde surgió el carácter obligatorio y universal de la Educación Pública. La educación no se estatalizó por puro altruismo. Desengañémonos. Si hubiera sido así, los Estados habrían cedido su gestión a los propios profesionales y usuarios (que son quienes realmente conocen las necesidades educacionales y disponen de los mejores recursos para atenderlas) en lugar de tratar de intervenir y controlar todo el proceso educativo.

Esta exposición sobre el desarrollo histórico en que se gestaron los primeros sistemas educativos públicos, nos debería invitar a reflexionar por qué algunos aspectos como el formato organizativo, entre otros, apenas han variado desde entonces. Esto no quiere decir que la Educación Pública tan sólo atienda a aquellos originarios intereses (estatalistas, nacionalistas y economicistas). Hoy en día, la Educación Pública sirve a muchas otras funciones sociales,Educación bajo control político aunque principalmente esto ha sido gracias a los valiosos aportes de pedagogos y docentes que, con su práctica e influencia, han ido forzando a los gobiernos a ir integrándolos progresivamente en sus legislaciones. Sin embargo, no podemos obviar tampoco que aquellas primitivas funciones e intereses continúan manteniéndose todavía hoy como objetivos fundamentales y preeminentes en la educación estatal.

El monopolio de la Educación Pública.

Al final, el resultado que se obtiene con la intervención estatal, es la generación artificial de escasez en la educación misma, lo que supone un impedimento y un freno para su desarrollo y potencial evolución. La escasez artificial de un recurso se genera cuando éste se acapara o se condiciona mediante restricciones reguladoras, de forma que la entidad que la regula acaba monopolizando dicho recurso. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la propiedad intelectual a través del copyright o las patentes. En el caso que nos atañe, que es la educación, mediante un ordenamiento legislativo elaborado por el gobierno es como se monopoliza el modelo educativo. Esto implica que toda práctica formal educativa estará siempre bajo permanente vigilancia gubernamental del cumplimiento de su normativa. La educación, por tanto, tan sólo irá evolucionando al ritmo que las lentas y pesadas posibilidades legislativas lo vayan permitiendo, y según los intereses del legislador, en lugar de evolucionar según las posibilidades y capacidades de aquellas personas que ejercen la docencia, y según las necesidades sociales. Por estos motivos, mientras el Estado continúe manteniendo el monopolio de la gestión educativa, ésta difícilmente podrá llegar a realizar la función social que la población necesita.

Así funciona la generación artificial de escasez

Aún así, es cierto que la intervención estatal ha tenido por sí misma algunas consecuencias positivas, como por ejemplo han sido las sensibles mejorías en los índices de alfabetización. Como ya señalamos en el anterior artículo, desde un principio la alfabetización ha sido una cuestión de primera necesidad para el Estado, que no quería verse relegado a una situación de inferioridad respecto a otros Estados ‘rivales’ dentro de un emergente mercado industrial en proceso de globalización. Por ello, era preciso producir ciudadanos con un mínimo de competencias capaces de cubrir las demandas de la economía industrial que en aquella época se iba dibujando. Sin embargo, a pesar del impacto positivo que ha supuesto el proceso de alfabetización y transmisión de conocimiento en amplias poblaciones, la propia gestión estatalizada de dicho proceso ha descuidado por el camino otros aspectos educativos necesarios y de vital importancia. Este descuido ha traído consigo otras consecuencias colaterales bastante negativas, como el analfabetismo funcional, el abandono escolar temprano, la fragmentación curricular, la deformación cultural o la falta de acceso a los conocimientos que no se encuentran dentro de los rígidos currículos educativos.

Todas ellas, entre muchas otras más, son consecuencias de la estandarización que la monopolización legislativa de la educación impone a cualquier práctica formal educativa. Entonces, ¿por qué este empeño en basar un modelo educativo en estándares tan centralizados, sabiendo el impacto negativo que puede llevar consigo? Como hemos visto, el Estado debe asegurarse que se cumplen en primera instancia los objetivos educativos que atiendan a sus propios intereses, y para ello no le queda otra alternativa que forzar la implantación (por igual y para todos) de las medidas necesarias para lograr tales objetivos. De ahí que sean los distintos gobiernos los que se arroguen la potestad de definir y organizar los objetivos, las competencias básicas, los contenidos y los criterios de evaluación del currículo obligatorio que se habrá de impartir en cualquier contexto educativo (público o privado).

En relación a esta fuerte homogeneización de la educación, e influenciadas por las crecientes críticas procedentes desde diversos ámbitos pedagógicos, observamos que las leyes se van expresando cada vez un poco más laxas y permisivas, sin embargo, en la práctica existe una mayor presión y control sobre el profesorado. Dicha contradicción incluso la podemos ver reflejada sin adornos en la propia redacción de la ley, lo que nos demuestra que continúa sin haber intención alguna de confiar parte de la gestión educativa a los propios usuarios y profesionales:

“La existencia de un marco legislativo capaz de combinar objetivos y normas comunes con la necesaria autonomía pedagógica y de gestión de los centros docentes obliga, por otra parte, a establecer mecanismos de evaluación y de rendición de cuentas”. (Ley Orgánica de Educación, 2/2006,  en vigencia).

Alternativas en la Educación Pública.

¿Qué podemos hacer ante esta situación? Tratar de implantar o probar, desde los mismos centros, profundos cambios o transformaciones de la práctica educativa no resulta ser una tarea sencilla y, además, suele acarrear drásticas consecuencias. John Taylor Gatto es un ejemplo de tantos que, aún a pesar de su probada competencia tras más de 30 años ejerciendo la docencia y habiendo sido galardonado durante varios años seguidos como profesor del año en Nueva York, John taylor gattoacabó tirando la toalla después de continuos e insalvables tropiezos, amonestaciones y persecuciones sufridas por la propia administración educativa. Por otra parte, a través del amplio margen que se permite a los docentes para la aplicación de distintas metodologías, sí que va siendo posible ir introduciendo nuevos enfoques y prácticas pedagógicas que al menos van cambiando poco a poco la percepción que se tiene sobre los entornos educativos. De hecho, se podría decir que todo lo valioso y útil que hoy contiene la Educación Pública ha sido gracias a la práctica de miles de docentes que la han ejercido a lo largo de los dos últimos siglos, y no gracias a ningún gobierno o ministerio. Aún así, estas dignas intervenciones se encuentran con grandes limitaciones, pues a pesar de disponer de cierta libertad de método, no se permite elección en la doctrina. Es decir, los docentes pueden elegir cómo enseñar pero no qué enseñar, ni bajo qué condiciones.

Y, aunque hay un gran número de docentes que aún con estas limitaciones consiguen poner en práctica un ejercicio pedagógico más que destacable, e incluso a pesar de que también hay muchos alumnos que logran sacar un enorme provecho de su proceso educativo (gracias también a la digna labor docente), la enorme dificultad existente para poder influir e intervenir tanto en la organización como en los contenidos educativos es la que hace inevitable que otra parte de la población sufra otras consecuencias nocivas, como la brecha entre la oferta educativa y la demanda social, el abandono escolar o cualquier de las otras señaladas más arriba.

Esto, lógicamente, desemboca en un aumento de la insatisfacción social respecto al servicio educativo prestado, ya que la misma población acaba observando que ciertas necesidades suyas no están siendo atendidas. Dicha insatisfacción no tiene que ver con la calidad docente, ni con la cantidad de recursos materiales dedicados, ni con una elevada exigencia social, sino que más bien está relacionada con los criterios y las restricciones que hacen que la organización educativa ya no dependa de nosotros. Por ello, ciertos sectores de la población se están viendo cada vez más precisados de recurrir a alternativas que sean capaces de cubrir sus necesidades específicas. Necesidades como la de solucionar la escasa relación que hay entre la formación y las salidas laborales, como las preferencias de algunas familias por criterios pedagógicos distintos a los reglados, o como las dificultades de integración escolar debido a distintos motivos (ritmos de aprendizaje, capacidades de cada niño, estilo o método educativo, horarios escolares, o cualquier otra característica que dificulte su inclusión en una escuela).

School's OutLa necesidad creciente de recurrir a otras alternativas la podemos observar claramente en la proliferación de alternativas educativas como las escuelas libres, que suman más de 550 centros educativos registrados en España (en los que cursan sus estudios 217.000 alumnos y que facturan un total de 23.000 millones según datos del año 2003), más unos cincuenta centros no oficiales; o como la práctica del homeschooling, que en España llevan a cabo actualmente más de 1.500 familias. Aunque, precisamente por tratarse de opciones que tratan abiertamente de esquivar la planificación estatal, suelen estar fuertemente vigiladas e, incluso en ocasiones, perseguidas y hasta judicializadas.

De la Educación Pública hacia una Educación de Dominio Público.

Como ya hemos visto, de la misma forma que son inevitables los problemas derivados del propio control estatal en la Educación Pública obligatoria, también se hace inevitable la aparición de subterfugios y alternativas que tratan de escapar a dicho control. Por más que el Estado pretenda legislar y restringir la libertad de educación, no podrá evitar que ésta siga siendo una capacidad inherente de toda sociedad y, por tanto, no dejará nunca de reconocerse en el imaginario colectivo como patrimonio nuestro por derecho natural. Liberación de la EducaciónAsí, la educación seguirá siempre tratando de practicarse según las propias necesidades sociales de cada comunidad, aunque ello suponga tener que ir en ocasiones más allá de la legislación reglada, y ya sea dentro de las instituciones educativas oficiales o bien desde fuera. Estas prácticas resultantes son las que consiguen ir rompiendo el ilegítimo monopolio educativo acaparado por el Estado.

A toda práctica encaminada a preservar la necesidad educativa de una comunidad determinada, y que es cedida enteramente para uso y servicio de dicha comunidad, es lo que llamo una Educación de Dominio Público. Y, ¿en qué consiste exactamente eso de una Educación de Dominio Público? Se dice que pertenece a dominio público cualquier producción intelectual cuando sobre ésta no existen derechos privativos o exclusivos de explotación. Así, cualquier producción que pase a dominio público puede ser explotada por cualquier persona sin restricciones, salvo la consideración del derecho moral de autoríaDominio Público (o paternidad). Esto otorga permiso para que cualquiera pueda hacer uso de la obra a través de cualquiera de las ‘4R’:

  • Reutilización: nos da derecho a reutilizar el contenido en su forma inalterada.
  • Revisión: podemos adaptar, modificar o alterar su contenido (como traducir).
  • Remezcla: nos permite combinar el contenido original, o revisado, con otro contenido para crear algo nuevo.
  • Redistribución: por el cual podemos compartir o comerciar con copias del contenido original, de las revisiones o de las remezclas.

Considerando, pues, la educación como patrimonio de la humanidad, no podemos considerar moralmente legítima la apropiación exclusiva y forzosa ni de su práctica ni de su desarrollo por parte de ningún Estado, ni por parte de ninguna otra entidad o persona.Educación de todos En términos iusnaturalistas, al pertenecernos legítimamente la educación a todas las personas, debemos de poder hacer uso de ella libremente y sin restricciones. Pero claro, nos encontramos con el obstáculo de un Estado que, además de acaparar también el monopolio de la violencia, no tiene la más mínima voluntad de ceder la práctica educativa al dominio público. Así pues, no nos queda otra opción que tratar por todos los medios de liberar por nuestra cuenta todo cuanto podamos del proceso educativo sujeto a restricciones.

Esto implica no solo liberar los contenidos educativos (como vienen haciendo desde hace unos años distintas universidades e institutos profesionales a través de los OpenCourseWare), sino liberar también su gestión, y su planificación, con el objetivo de que cualquier persona, cualquier familia, o cualquier comunidad, pueda hacer uso de ella para poner la educación al servicio de sus necesidades e intereses.Compartir Conocimiento En definitiva, para que podamos reutilizar cualquier contenido, material o método aunque éstos estén sujetos a copyright o cualquier otro derecho de propiedad intelectual. Para que podamos revisar dicho contenidos, materiales y métodos, y así modificarlos según nuestros intereses o adaptarlos a nuestros contextos y necesidades particulares. Para que podamos coger cualquier parte de cualquier proceso o contenido educativo y lo podamos mezclar con los nuestros, pudiendo mejorar y ayudar a evolucionar el propio proceso educativo. Y para que cualquiera de estas actuaciones anteriores podamos ponerlas en práctica, compartirlas, o incluso comerciar libremente con ellas.