Esclavo de la tele¿Qué crees que te sucedería si te alejaras por un tiempo del bombardeo mediático de noticias y debates sobre corrupción y política electoral? Pudiera parecer que nos desconectamos del mundo, pero… ¿hasta qué punto es realmente útil estar al tanto de este tipo de noticias que, además, sabemos que coparán la atención de la mayor parte de los medios de comunicación durante lo que resta de año?

Cuando los principales medios de comunicación cacarean al unísono un mismo tipo de información y de discurso, algo turbio se esconde detrás. Detectamos cierto tufo extraño y sabemos que, si nos dejamos llevar, al final nos intoxicamos. De ahí que podemos leer cada vez más publicaciones y opiniones alertándonos, por ejemplo, de intencionadas cortinas de humo,Medios de Formación de Opinión o también deduciendo que lo más nocivo de las campañas de acusaciones de corrupción es que se produce de forma colateral una grave desafección política en el electorado, provocando como consecuencia en el imaginario colectivo una generalización de la condición de corrupta hacia toda la clase política. Pero creo que estas ideas son erróneas. Ni tratan de ocultar algo, ni tratan de desprestigiar la clase política.

Todas estas campañas masivas sobre corrupción, y en general todo tipo de acusaciones que rodean a la propaganda electoral, creo que en realidad favorecen la imagen y los intereses del propio sistema enquistado establecido. ¿Y cómo puede ser esto? Pues porque, aún en su desmoronamiento, logran mantener la atención centrada constantemente en aquellos aparatos que son de control exclusivo del estado, dándoles así mayor valor e importancia de la que realmente tienen respecto a nosotros. Dando así a entender, además, que lo crucial en el ámbito social, que lo decisivo y trascendental en nuestras vidas, se desarrolla entre apretones de manos, adjudicaciones, sobres y despachos. Que todo se decide en ese otro mundo “superior”, de altas esferas e innaccesible, y no en nuestro entorno más inmediato.

Y todos esos políticos, sindicalistas, empresarios y personajes famosos metidos en todo tipo de turbios asuntos y trapicheos, en realidad no son tan distintos a nosotros. Son sólo personas, con todo lo bueno y lo malo que podemos llegar a tener cualquier otra,Bien o Mal de igual forma que podemos observar comportamientos deleznables también en nuestros iguales, entre la gente de abajo y sin poder. Pero nos resistimos a aceptar esto, y es por ello que nos resulta más cómodo observar a los políticos corruptos como psicópatas desprovistos de toda humanidad, o como seres con los que no tenemos absolutamente nada que ver. Otra raza contra la que combatir, y a quienes arrebatar sus puestos.

Entonces, ¿por qué iba a interesar que los odiemos? Interesa porque cuanto peor se habla de ellos, más los queremos. Nos reconforta pensar en lo diferentes que somos, como si su ruindad nos hiciera a los demás más benevolentes, o nos enfrascamos en interminables trifulcas, cual torneo de fútbol, sobre quién es más corrupto. Y la cuestión, su auténtico interés, reside en que se consiga que siempre siempre se hable de ellos, de forma que no podamos pensar en nosotros mismos.

“Si miras fijamente al sol, al final te ciegas”

Naranja Mecánica

Esta concentración de la atención en los personajes políticos lo que nos distrae es del esquema sistémico, que es realmente lo que permite que exista toda esa corrupción y generación de desigualdades. Buscamos culpables en las personas, y no prestamos la debida atención a la estructura que posibilita la aparición de las redes clientelares, la extorsión, el robo, la manipulación y la violencia. Y es que no es sólo la persona, si no sobretodo su puesto, la causa de los males que denunciamos.

Estructura Social PolíticaEs por ello que se llega con mayor facilidad a conclusiones erróneas como, por ejemplo, que para solucionar la crisis en una ciudad hay que cambiar a un alcalde por otro, en lugar de concluir que a lo mejor es que ni siquiera nos hace falta ningún puñetero alcalde.

Volviendo aquí a la pregunta inicial, “¿Qué pasa cuando nos alejamos por un tiempo del bombardeo mediático de noticias y debates sobre corrupción y política electoral?“, ésta sería mi respuesta:

Que cuando nos desconectamos, al poco, empezamos a notar esa agradable sensación de volver a respirar algo de aire fresco. Que vamos regresando del más allá, para sentir las cosas que suceden en el más acá. Y es entonces cuando empezamos a darnos cuenta de que muchas de las cosas que siempre hemos atribuido como de exclusiva competencia de los gobernantes resulta que también somos capaces de hacerlas por nosotros mismos. Que, de hecho, ya las hacemos… ¡y mejor todavía!

¿Desconectamos?

¡Click!

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