Hace exactamente diez meses estrené este blog. Y, para ser justo, debo mencionar expresamente que ocurrió así, y en aquel momento, gracias a la inestimable conversación mantenida con maese Juanjo. Hoy me apetecía hacer una pequeña retrospectiva Juanjosobre el proceso que ha supuesto para mí abrir este espacio, que ya ha cogido algo de cuerpo (aunque prácticamente acaba de nacer), para tratar de dar cierto sentido tanto a su enorme utilidad como también al desarrollo que ha ido adquiriendo en relación al activismo que desde hace años venía desarrollando.

No voy a analizar la cantidad de posibles prácticas de activismo, ni la cantidad de perfiles de activistas, que existen. Para este repaso, bastará con centrarnos en el hecho de que, el que más o el que menos, desarrolla parte de su actividad en la red. Y que la forma en que se emplea dicha actividad sí que determina si ésta acaba siendo más o menos productiva para el activismo que se pretenda desarrollar. Tal y como comencé a relatar al estreno de este blog, el activismo exige de una serie de actos o acciones que habrán de producir un cambio en una dirección concreta, por lo que no será suficiente con sólo generar inercias o movimientos sin más, sino que éstos tendrán que ser intencionados y además deberán generar algún cambio en el sentido deseado.

En este aspecto, después de un par de años de convulso activismo y numerosas manifestaciones que resultaron ser tan grandes como efímeras, pero que también me permitieron poder a conocer a personas muy válidas e influyentes para mí, comprobé que dicha actividad se organizaba y giraba principalmente en torno a masificadas, desorganizadas y poco prácticas redes sociales que hacían un flaco favor a la pretendida intención transformadora de aquellos grandes movimientos.

Fueron varios los peligros que advertí de las redes sociales: como la cantidad de información con la que era bombardeado a diario, en extremo caótica y absorvente; una creciente amalgama de cientos de propuestas inabarcables; una insalvable endogamia; y la tendencia homogeneizante derivada de la pasiva cultura de la adhesión, entre muchos otros peligros y obstáculos que detallé en su momentoSayonara FacebookEfectivamente, comprobé que no se puede estar en todo y que no todo valía. Que no todo valía ni para mí, ni (en la mayoría de los casos) tampoco para nadie. Por supuesto, como en toda estructura centralizada, comprobé también que hay mucho listillo aprovechado. Por tanto, quise ir desconectándome poco a poco de esas redes sociales para ir construyendo a través de este blog un espacio personal que funcionase con mis propias reglas, que me conectara con personas afines y que estuviera abierto a la red.

Pero quizá lo más importante que me aportó este espacio fue la posibilidad de expresarme a mí mismo, mucho más allá de definirme simplemente en base a qué cosas me gustaban o a qué causas me adhería de entre las únicas mostradas en el ilusorio escaparate de las redes sociales. Y volvemos aquí a la definición de activismo y su exigencia de cambio intencionado, pues cuando centramos nuestra actividad virtual en las redes sociales, ésta no tiene capacidad alguna de alterar su enorme estructura centralizada. Es por ello que ni tan siquiera permiten la acumulación de información ni de conocimiento. En ellas, al final, todo pasa y todo continúa exactamente igual. ¿Cómo poder desarrollar algún forma de activismo en espacios tan homogéneos e inalterables?

Sin embargo, cuando el activista abre un blog, no sucede así. En tu blog, cada palabra es un aporte nuevo, que queda ahí. En tu espacio. Para ti mismo y para todos, pero sin depender de nadie.Nieve sobre montaña y lago Es como el dilema de actuar desde fuera del sistema o desde dentro de las instituciones. Desde dentro, puedes desarrollar toda la actividad de confrontación que se desee, pero al final la estructura permanece. En cambio, el activismo autónomo y productivo genera nuevos espacios, nuevas relaciones y nuevos significados, los cuáles sean más o menos trascendentes, van asentando uno a uno nuevas piedras (o copos de nieve) en la construcción de estos espacios de contrapoder. Y cada uno suma, y cada uno cuenta.

Ante una sociedad homogénea pero también atomizada, ¿hay mejor forma de provocar algún posible cambio que expresarse cada persona como sí misma, y así generar nuevas relaciones? Ofreciendo nuestra parte diferencial, añadiéndonos así al conjunto abierto de datos de la red y estableciendo conversaciones con otras tantas personas, diversificamos la información de la red, y logramos establecer lazos conforme a esa diversificación. De esta forma es como podemos gestar comunidades heterogéneas y entrelazadas extendiéndose a través de múltiples metástasis en el mismo seno de la sociedad homogénea y atomizada que hoy nos subyuga.

Con esto no quiero decir que en las redes toda información sea perjudicial, ni desmovilizadora o contrarrevolucionaria, pero sí que es muy (pero que muy) poco productiva, llena de morralla, malintencionadamente dirigida, y además no nos permite que podamos desarrollar una identidad digital sana que nos aporte realmente algo valioso a nuestra vida.Frente al Espejo Lo mismo ocurre con la información que está dirigida desde las grandes corporaciones y desde el gobierno (a través de los medios de comunicación masivos, los marcos legales o el mismo sistema educativo), de la que nunca viene nada mal alejarnos, al menos durante una temporada, para que podamos desconectar tan sólo un poco nuestra mente. De esta forma, tal y como he podido comprobar en mi caso particular, es mucho más sencillo tratar de averiguar, de indagar, de investigar y de reflexionar, sobre quiénes somos cada uno de nosotros como individuos, qué queremos, y qué podríamos aportar, cambiar, o qué podríamos hacer por nosotros mismos.

Una vez que sabemos, creemos saber y/o decidimos emprender una actividad concreta que nos permita continuar desarrollándonos a la vez que podamos aportar algo útil, entonces es un buen momento para reconectar con la infinita red de datos. Pero no para retomar la anterior actividad viciosa de la que escapamos, la del megustismo y el retwitteo,Conocimiento Colectivo sino más bien para alimentarnos con aquella información relacionada con nuestros propios intereses, con la intención de iniciar conversaciones con otras personas que compartan inquietudes similares e ir generando así pequeñas comunidades que podrían llevar a cabo proyectos transformadores con mayor facilidad que estando solos o aislados.

Cuando las cosas se tienen más claras, y ya se ha conseguido consolidar alguna pequeña comunidad activista, no resulta tan difícil encontrar o atraer a más personas predispuestas para el cambio: las encontraremos allá donde exista algún foco de rebeldía, por pequeño que éste sea. Lo importante es mantener la mente abierta, y no obsesionarnos con una única manera de hacer las cosas, pues hay muchas más formas de las que imaginamos capaces de ir produciendo pequeños cambios, e ir generando comunidades fuertes, con cierta autonomía, y con una elevada capacidad para influir en su entorno inmediato (tanto en la forma de relacionarse, como de organizarse, de intercambiar conocimiento, de comerciar, etc…).

Por supuesto, el camino del activismo no es un camino fácil. Ni aún con éstas. Requiere de mucho esfuerzo y de paciencia. Precisa que creamos en nosotros mismos, así como en los proyectos que iniciemos. Y supone también ir avanzando a contracorriente. En ocasiones, incluso ir a contracorriente de quienes van a contracorriente. Eso sí, no nos engañemos: quien asegure que un proceso de cambio o de emancipación puede ser fácil y rápido, o que tan sólo se puede conseguir mediante el éxito electoral de cualquier formación, por muy democrática que ésta sea, sencillamente os está engañando. En cualquier caso, independientemente de que unas elecciones nos puedan resultar o no favorables,Pienso luego no voto nada tendremos más firme y seguro que lo aportado y logrado por nosotros mismos, nada servirá mejor a nuestros intereses que aquello que sólo dependa de nosotros, por más que la gran mayoría quiera seguir participando de los procesos electorales, y por más que otros prefiramos no inmiscuirnos para poder centrarnos en otros asuntos.

Eso sí, se habrá de tener muy en cuenta también que, además del esfuerzo por construir nuestros proyectos, es muy probable que nos encontremos con una dificultad añadida. Pues cualquier actitud transformadora o emancipatoria encontrará inevitablemente enemigos en todas aquellas personas interesadas en que todo permanezca como hasta ahora. Y sí, también las hay dentro de movimiento sociales, sindicatos, partidos y demás espacios que aparentan desear un cambio. Estos sectores más reaccionarios sin duda atacarán con dureza, y con más crudeza cuanto mayor sea su poder (cuyo mayor exponente no es otro que el mismísimo Estado). Por eso será importante defenderse: en primer lugar, consiguiendo la mayor autonomía posible mientras afianzamos alianzas manteniendo contactos, intereses e intercambios entre distintos colectivos de forma que se pueda generar una gran red de apoyo mutuo; y en segundo lugar, sabiendo cómo esquivar todos los intentos por atraparnos, destruirnos u obligarnos a ceder.

Dentro de los enlaces que he ido dejando en este post, que en realidad no son más que una recopilación de lo que llevo publicado hasta ahora, podréis encontrar a su vez otros enlaces que os llevarán hacia algunos de esos muchos proyectos que están consiguiendo provocar cambios, algunos de ellos de profundo calado. Y cada vez son más. En mi caso particular el pequeño aporte que, con más personas,tratamos de gestar está relacionado con lo que he venido a llamar una Educación de Dominio Público.

Por todo esto, si ya llevas o pretendes llevar a cabo algún tipo de activismo y estás leyendo esto (lo cual quiere decir que dedicas parte de tu tiempo a internet), no le des más vueltas: huye de las redes, y abre un blog. Lo necesitas tú, pero también lo necesitamos las demás personas. Como potencial agente de cambio que eres, es preciso que compartas tu propia historia, que nos cuentes tus inquietudes, tus sueños, tus deseos, tus capacidades. No porque tengas algo que decir importante y trascendental para el mundo, ni tampoco para destacar, ni competir, ni ser más ingeniosa, sino tan sólo para expresarte a ti misma. Para poner algo de ti. Eso siempre será útil para alguna otra persona, pero sobretodo lo será para ti misma, pues te ayudará a conocerte mucho mejor. Serás tu propio coach, el mejor entrenador para tu desarrollo personal. Dispondrás de la mejor herramienta para defender tus intereses. Y colectivamente estarás apostando por la diversidad para evitar la degradación de la red. Aportando cada uno nuestro propio relato de la realidad que nos rodea. Y contribuyendo así a una retroalimentación global del conocimiento. En definitiva:

Abriendo un blog, te abres al mundo

¿A qué esperas?